
2025-11-19
Madrid acoge la Conferencia Global sobre SDDR: España da un paso decisivo hacia la economía circular de envases
Más de 150 expertos internacionales, representantes institucionales y actores sociales debaten el futuro del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno en España
Madrid, 19 de noviembre de 2025
El pasado 18 de noviembre de 2025, Madrid acogió la Conferencia Global de Expertos en Sistemas de Depósito para Envases de Bebidas (SDDR), organizada por Retorna, Zero Waste Europe y Reloop con el apoyo de la Comisión Europea. RVM Systems estuvo presente a través de su director de desarrollo de negocio para España, Luis Medina-Montoya Hellgren, representando a la industria de tecnología para sistemas de retorno.
El evento reunió a todos los actores implicados en el futuro SDDR español, administraciones, expertos internacionales, industria, distribuidores, municipios, ONGs, sindicatos y comercio minorista, con un mensaje claro: España está dando un paso decisivo hacia un modelo de gestión de residuos de envases moderno, eficaz y plenamente alineado con Europa.
Bruselas y Madrid respaldan el SDDR: «Será decisivo para los objetivos ambientales de la UE»
En la apertura, Ana Gutiérrez Dewar de Retorna dio la bienvenida destacando la importancia de la jornada. A continuación, mediante un mensaje de vídeo, la Comisaria de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, Jessika Roswall, situó el SDDR en el contexto de las políticas europeas de economía circular.
Roswall recordó que la Directiva (UE) 2019/904 sobre plásticos de un solo uso exige alcanzar una recogida separada del 90% de las botellas de plástico para 2029 (con un hito intermedio del 77% en 2025), y que la nueva propuesta de Reglamento de Envases 2024/40 (PPWR, Packaging and Packaging Waste Regulation) plantea también ambiciosos objetivos de reciclaje y reutilización, como ofrecer al menos un 10% de bebidas en envases reutilizables en 2030.
La comisaria celebró la futura implantación del SDDR en España, señalando que «este sistema será decisivo para cumplir las metas ambientales de la UE y proteger nuestros ecosistemas», al reducir drásticamente los residuos de envases abandonados.
Por su parte, Alejandro Dorado Nájera, comisionado para Economía Circular del Ministerio para la Transición Ecológica, enfatizó la plena sintonía del Ministerio con estos objetivos: la Ley 7/2022, de residuos, y su desarrollo a través del Real Decreto 1055/2022 de envases, ya contemplan la implantación obligatoria de un SDDR en todo el territorio antes de 2026 tras confirmarse que en 2023 no se alcanzó el 70% de recogida separada de botellas estipulado.
«Tenemos el mandato legal y el respaldo social para poner en marcha un sistema de depósito que nos ayude a cerrar el círculo de los envases», afirmó Dorado.
Esta apertura institucional dejó patente el respaldo político al SDDR tanto desde Bruselas como desde Madrid. La comisaria Roswall incidió en que el depósito-retorno será una herramienta clave para avanzar hacia la economía circular competitiva que persigue la UE, mientras que el representante de España reafirmó la urgencia de su implantación para cumplir la normativa nacional y comunitaria.
Se subrayó que, apenas seis meses después de la convocatoria pública para seleccionar el operador del futuro SDDR en España, es vital mantener el impulso político y la colaboración entre administraciones para lanzar el mejor sistema en el menor tiempo posible.
Más del 90% de eficacia: los datos que demuestran que el SDDR funciona
Tras el respaldo institucional, la conferencia se adentró en las razones técnicas y empíricas que hacen del SDDR una solución eficaz.
La primera sesión técnica, moderada por Clarissa Morawski, CEO de Reloop, abordó los beneficios del Sistema de Depósito y su impacto como motor de cambio circular. Expertos internacionales expusieron evidencias de por qué el SDDR se está convirtiendo en una tendencia global.
Se destacaron cifras alarmantes: más de 2 millones de botellas y latas de bebidas se abandonan, incineran o acaban en vertederos cada minuto a nivel mundial, lo que equivale a casi 3.000 millones de envases desperdiciados cada día. En España, esta cifra asciende a 55 millones de envases diarios, 20.000 millones al año.
Ante este panorama, el SDDR surge como una solución eficaz para recuperar estos materiales y evitar su dispersión en el entorno. De hecho, donde se ha implementado logra tasas de retorno y reciclaje superiores al 90%, muy por encima de cualquier otro sistema, tal como recordó Miquel Roset de Retorna, citando la experiencia de más de 40 regiones del mundo.
«La única manera de asegurar que recuperamos más del 90% de los envases de bebida es implementar un sistema de depósito», afirmó Roset, enfatizando su eficacia probada.
EL SDDR EN ESPAÑA: LAS CIFRAS CLAVE
• 20.000 millones de envases/año a recuperar
• 90% objetivo de recogida para 2029
• 10% de reutilización para 2030
• 500.000 puntos de venta implicados (132.000 alimentación + 300.000 HORECA)
• 8.131 municipios, 60% con menos de 1.000 habitantes
• 94 millones de turistas anuales que usarán el sistema
• 80%+ apoyo ciudadano según encuestas
Los ponentes coincidieron en que el SDDR aporta múltiples ventajas ambientales, económicas y sociales. Anna Larsson de Reloop presentó datos sobre el efecto en los municipios: lejos de perjudicar las arcas locales, los sistemas de depósito generan ahorros importantes para los entes municipales en recogida y tratamiento de residuos.
Al recuperar directamente los envases, el SDDR reduce el volumen de basura que gestionan los ayuntamientos y los costes de limpieza urbana, liberándolos de cargas que no deberían pesar sobre el erario municipal sino internalizarse en los productores.
En palabras de Larsson, «los estudios internacionales cierran el caso: los sistemas de depósito no solo no son perjudiciales para los municipios, sino que resultan netamente beneficiosos». Este traslado de la responsabilidad y los costes al productor es, de hecho, uno de los principios de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) que el SDDR fortalece.
Desde la perspectiva de la industria, Clarissa Morawski resaltó que el depósito ayuda a las empresas a asegurar un suministro de material reciclado de alta calidad (reciclaje de circuito cerrado), imprescindible para cumplir sus compromisos ambientales.
Un SDDR bien diseñado garantiza que las botellas recuperadas vuelvan a convertirse en botellas, cerrando el ciclo del plástico PET y otros materiales. Además, añadió Morawski, los sistemas de depósito suelen gozar de un amplio respaldo ciudadano allí donde operan, al apelar a la conciencia ecológica y ofrecer un incentivo económico al consumidor.
Xavier Curto, representante de Surfrider Foundation, complementó la visión subrayando los beneficios para los océanos: reducir la basura marina en costas y mares. Curto recordó que muchos de los envases abandonados terminan contaminando ríos y océanos, afectando a la fauna marina y a la salud de los ecosistemas acuáticos.
Cada día se abandonan 30 millones de botellas y latas en España que acaban contaminando nuestros entornos terrestres, costeros y marinos, enfatizó, citando datos de Greenpeace. Evitar este flujo de contaminación «es urgente para proteger nuestros mares», afirmó Curto, y el SDDR es una de las herramientas más efectivas para lograrlo.
La sesión dejó claras las razones del auge global del SDDR: mejora las tasas de reciclaje, evita residuos en el medio ambiente, reduce costes a los municipios y cuenta con el apoyo social.
Como resumió Morawski, «los Sistemas de Depósito funcionan: mejoran la recogida selectiva, eliminan la basura dispersa, ahorran costes municipales y disfrutan de gran aceptación pública«, sentando las bases para las siguientes discusiones.
Estonia, Austria y otros modelos europeos: qué puede aprender España
Con el panorama global en mente, la conferencia avanzó hacia el contexto específico de España y cómo diseñar aquí un SDDR de éxito aprendiendo de las mejores experiencias internacionales.
Moderada por Miquel Roset de Retorna, esta sesión reunió a expertos de diversos países europeos que compartieron lecciones prácticas. Rauno Raal (consultor, ex-responsable del SDDR de Estonia) y Monika Fiala (Recycling Pfand Österreich, operador del sistema SDDR en Austria) describieron cómo se implementaron los sistemas de depósito en sus respectivos países, enfatizando factores de éxito y obstáculos superados.
Ambos incidieron en la importancia de la simplicidad y comodidad para el consumidor. De hecho, señalaron que la satisfacción del público es un indicador clave: «Si el consumidor está contento, todos están contentos», afirmaron, destacando que la facilidad de devolución de envases (a través de máquinas automatizadas en tiendas, amplios horarios, devolución de depósito rápida, etc.) es crucial para lograr altas tasas de participación.
¿CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA DE DEPÓSITO?
1. El consumidor paga un depósito (ej: 0,10-0,25€) al comprar una bebida
2. Consume la bebida y conserva el envase
3. Devuelve el envase en un punto de retorno (tienda, máquina RVM)
4. Recupera el depósito inmediatamente
RESULTADO: Tasas de retorno del 90-95% (vs 25-40% actual con contenedor amarillo)
En la experiencia de Estonia, compartida por Raal, la implantación del depósito logró en pocos años tasas de retorno superiores al 80-90%, gracias a un sistema integrado para envases de plástico, latas y vidrio, con amplia red de puntos de devolución.
Monika Fiala explicó que Austria, por su parte, está lanzando su SDDR tanto para envases de un solo uso como para envases reutilizables, integrando ambos en un modelo híbrido o mixto. Subrayó que el SDDR no es incompatible con la reutilización, sino al contrario: puede y debe diseñarse para promover la reutilización desde el día uno, asegurando que las botellas retornables (como las de vidrio) también se gestionen eficientemente.
La visión de la industria de bebidas la aportó Nicholas Hodac, director general de UNESDA (asociación europea de fabricantes de refrescos). Hodac, representando a los productores, hizo un llamamiento franco a asumir su parte de responsabilidad: reconoció que el sector debe implicarse activamente en el diseño de .
Esta declaración, muy significativa por venir de la propia industria, apunta a que los fabricantes son conscientes de la necesidad de actuar. Hodac abogó por un modelo centralizado, transparente y eficiente en costes, un punto crucial ya que serán los productores quienes financien el sistema en el marco de la RAP.
También enfatizó que el sistema español debe ser sin ánimo de lucro y orientado al servicio al consumidor, para ganar la confianza de la ciudadanía y de todos los interesados.
Finalmente, Carlos Arribas de Ecologistas en Acción, aportó la perspectiva ecologista, defendiendo un sistema de depósito mixto. Explicó que esto significa integrar el SDDR con el sistema actual de reciclaje: manteniendo la recogida selectiva municipal para los envases no cubiertos por el depósito y complementándola con la devolución incentivada de los envases de bebidas.
Según Arribas, un «SDDR mixto» aprovechará lo mejor de ambos modelos: por un lado, el circuito retorno-depósito para recuperar las fracciones más problemáticas (latas, botellas de plástico y vidrio, briks) con altos porcentajes; y por otro, la red de contenedores y recogida pública para gestionar el resto de los residuos de forma eficiente.
Esto maximizaría las tasas globales de reciclaje y minimizaría los impropios (residuos en contenedores inadecuados).
En síntesis, esta sesión proporcionó hoja de ruta para España: aprender de quienes ya recorrieron el camino. Las recomendaciones incluyeron: implementar un sistema ágil (con plazos rápidos para alcanzar el 90% de recogida antes de 2029 y al menos 10% de reutilización para 2030); amplio en alcance (cubriendo la mayor cantidad de materiales y formatos de envase); que refuerce la Responsabilidad del Productor (de modo que los costes recaigan en quien pone el envase en el mercado y no en los municipios); que impulse la reutilización y no solo el reciclaje; y que sea cómodo y orientado al ciudadano en cada detalle de operación.
Solo así, concluyeron, España podrá construir uno de los sistemas de depósito más avanzados de Europa, aprovechando las mejores prácticas internacionales, pero adaptándolas a nuestra realidad nacional.
Marco legal: «El SDDR es obligatorio y urgente para cumplir con Europa»
Otro de los ejes de la conferencia fue el marco jurídico en el que se inscribe el SDDR, tanto a nivel europeo como español, y cómo garantizar que el despliegue del sistema se haga con plena seguridad jurídica.
En esta mesa, moderada por Joan Marc Simón, director de Zero Waste Europe, participaron juristas y expertos en legislación de residuos: Juan José Pernas (Universidad de La Coruña), Ignasi Puig (Fundación ENT) y Arancha Bengoechea (abogada ambiental, Andersen).
Los ponentes coincidieron en señalar que la legislación española vigente es plenamente compatible con la normativa europea de envases en preparación, e incluso más ambiciosa en algunos aspectos.
El profesor Pernas explicó que la obligación legal de implantar un SDDR en España deriva de la Ley 7/2022, que responde a directrices europeas como la mencionada Directiva 2019/904. El nuevo Reglamento de Envases (PPWR) generaliza sistemas de depósito para ciertos flujos (como botellas de plástico) en todos los Estados miembros, por lo que España se está alineando a esa exigencia.
En palabras de Pernas, la implantación del SDDR español está plenamente alineada con la normativa comunitaria y «reforzará el cumplimiento de los objetivos europeos obligatorios», como la recogida del 90% de envases para 2029.
Ignasi Puig añadió que el SDDR contribuirá a alcanzar las metas de reciclaje y reutilización que marcan tanto la UE como la ley española: «Sin un sistema de retorno, señaló, difícilmente lograremos los objetivos de reciclaje real ni revertir la tendencia al alza de los envases de un solo uso».
Recordó que la propia Ley 7/2022 fija objetivos de reducción de residuos y de reutilización de envases (por ejemplo, para 2030 un porcentaje significativo de las ventas en envases retornables), y que el SDDR puede ser un catalizador para cumplirlos, fomentando la circularidad frente al modelo lineal de usar y tirar.
Arancha Bengoechea centró su intervención en la necesidad de brindar seguridad jurídica al proceso de implantación. Señaló que, aunque la ley es clara en el mandato de instaurar el depósito, el proceso práctico (adjudicación o autorización del operador, coordinación con las competencias autonómicas y locales, etc.) presenta desafíos legales.
Planteó que quizás se requieran disposiciones normativas adicionales o «legislación extraordinaria» para acompañar el despliegue del SDDR. Esto podría incluir, por ejemplo, un real decreto específico que detalle aspectos operativos del sistema, mecanismos transitorios de convivencia con el sistema actual de contenedores, o garantías para las partes involucradas (productores, distribuidores, gestores) durante la fase de puesta en marcha.
La idea, apuntó Bengoechea, es ofrecer un marco claro para todos los agentes, minimizando incertidumbres o posibles litigios durante la transición hacia el nuevo modelo.
Joan Marc Simón aportó la visión estratégica europea, subrayando que el cambio sistémico que se persigue necesita coherencia regulatoria. «El objetivo superior es generar menos residuos y reutilizar más. El reciclaje en Europa atraviesa una gran crisis; no es competitivo. Nuevas infraestructuras y sistemas como el SDDR deben concebirse desde el inicio de forma abierta a otros flujos, para corregir eso» señaló Simón.
Con esta afirmación, enmarcó el SDDR no como un fin en sí mismo, sino como parte de una transformación más amplia hacia producción y consumo responsables. Insistió en que la normativa debe facilitar, y no entorpecer, la introducción de soluciones circulares innovadoras.
Por ello, instó a agilizar los trámites: «Debemos resolver cuanto antes la autorización del operador del sistema y sumar esfuerzos políticos desde todos los ministerios para lanzar el mejor SDDR posible», una referencia a la necesaria coordinación interministerial (Medio Ambiente, Industria, Comercio, Hacienda, etc.) para que el sistema arranque sin demoras.
En conclusión, la mesa legal transmitió un mensaje de confianza y urgencia. Confianza en que el camino jurídico está despejado, el SDDR encaja en la legislación europea y española y ayudará a cumplir objetivos obligatorios de recogida separada y reciclaje, y urgencia por dar los próximos pasos normativos y administrativos para hacerlo realidad cuanto antes.
Sólo restaría, según los expertos, voluntad política y fineza técnica en los detalles de implementación para que el sistema arranque en plazo.
El proceso español en marcha: hacia un modelo inclusivo y universal
Con el marco normativo clarificado, la atención se centró en cómo España está construyendo su modelo específico.
Tras analizar el marco normativo, la conferencia abordó específicamente el estado y los retos del proceso de implantación del SDDR en España. En una breve pero sustanciosa intervención, Antonio Romero, secretario general de la Asociación SDDR España y gerente de SDDR en AECOC, explicó los avances realizados y la visión para el futuro sistema.
Romero, quien encabeza la iniciativa que agrupa a múltiples empresas y entidades candidatas a operar el SDDR español, detalló que se está trabajando intensamente para construir un sistema inclusivo, moderno y adaptado a la realidad española.
Señaló que durante 2025 se han recabado aportaciones de todos los actores: empresas de bebidas, distribución comercial, gestores de residuos, ONGs, administraciones locales, etc., mediante mesas de trabajo y consultas públicas. «Estamos escuchando a todas las partes implicadas», afirmó, «para diseñar un modelo universal que funcione para todos», detallando la dinámica de trabajo con diferentes grupos divididos por temáticas, que se reúnen semanalmente.
Romero destacó varios principios guía del futuro SDDR español. Primero, la universalidad: el sistema debe cubrir todo el territorio nacional y ser accesible tanto en núcleos urbanos como en áreas rurales, con soluciones logísticas adecuadas para cada caso.
Segundo, la comodidad para usuarios y comercios: se planea que los consumidores puedan devolver sus envases en una amplia red de puntos (supermercados, tiendas de barrio, máquinas en estaciones, etc.), asegurando el reembolso inmediato del depósito.
Paralelamente, los pequeños comercios contarán con apoyo para integrarse sin carga excesiva, por ejemplo, con colectores adaptados al volumen de devoluciones de cada tienda.
Tercero, la eficiencia y transparencia: se está configurando un sistema digital de control que permitirá rastrear los flujos de envases, garantizar la trazabilidad y ofrecer datos públicos fiables de recogida y reciclaje.
Esto, apuntó Romero, ayudará a resolver una de las críticas al sistema actual de gestión: la falta de transparencia en las cifras reportadas por los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor (SCRAP). Con el SDDR, cada envase retornado quedará contabilizado, reduciendo el margen para divergencias en los datos.
En cuanto a la gobernanza, Romero explicó que el modelo propuesto para España sigue las mejores prácticas europeas: una entidad gestora central sin ánimo de lucro, controlada de forma paritaria por los productores adheridos y con participación de otros grupos de interés (distribución, consumidores, ONGs y administraciones como observadores).
Esta entidad se encargará de la coordinación general, contratos con proveedores (p. ej. operadores logísticos, recicladores), fijación del importe del depósito y campañas de comunicación al público. El objetivo, subrayó, es asegurar un funcionamiento transparente, eficiente en costes y orientado al servicio público, más que al lucro.
Igualmente, señaló que se está aprendiendo de casos recientes como el de Portugal (que planea lanzar su SDDR en abril de 2026) para buscar compatibilidad ibérica. «Sería deseable que el sistema español y el portugués funcionen de forma alineada, en beneficio de toda la península», apuntó ante una pregunta posterior.
Entre los próximos hitos del proceso, Romero señaló la urgencia de resolver la autorización administrativa del operador del sistema, actualmente en trámite, y avanzar en los grupos de trabajo técnicos sobre operativa, logística, finanzas, TI y comunicación, que ya involucran a 50 empresas y 600 profesionales reuniéndose semanalmente.
Romero concluyó su exposición reiterando que el camino no está exento de retos, pero se mostró optimista: «Si hacemos las cosas bien, este sistema nos permitirá dar un salto histórico en la gestión de residuos en España».
Insistió en la colaboración de todas las partes como clave del éxito: administraciones que faciliten la transición, empresas que cumplan su rol financiero y operativo, ciudadanía que adopte el hábito de la devolución, y sectores (como el reciclador) que sepan adaptarse al nuevo flujo de materiales de alta calidad que proveerá el SDDR.
Su mensaje final fue de confianza: España puede y debe aspirar a un SDDR de clase mundial, apoyándose en la experiencia internacional, pero desarrollando una solución propia, innovadora y ejemplar.
Empleo verde, salud pública y apoyo del 80% de la ciudadanía: el SDDR como oportunidad social
Tras las ponencias técnicas de la mañana, la sesión de la tarde dio voz a la sociedad civil y los agentes sociales para debatir sobre el impacto del SDDR desde perspectivas variadas.
Moderada por Julio Barea (Greenpeace España), la mesa reunió a representantes de municipios, recicladores, ONGs, sindicatos y pequeñas empresas: Jesús Pérez (conejal en el Ayuntamiento de Getafe) por los municipios, Victòria Ferrer (Gremi de Recuperació de Catalunya) por el sector del reciclaje, Rosa García (Rezero) y Fer Gómez (Vivir sin Plástico) por la ciudadanía y movimientos cero residuos, Sara García (USO, Unión Sindical Obrera) por los trabajadores, y Marta Julià (PIMEC) por el pequeño comercio.
Este amplio panel multi-actor reflejó el consenso y las expectativas que el SDDR genera en distintos sectores de la sociedad.
VOCES DEL EVENTO: LO QUE DIJERON LOS EXPERTOS
«Este sistema será decisivo para cumplir las metas ambientales de la UE»
— Jessika Roswall, Comisaria Europea de Medio Ambiente
«Los sistemas de depósito funcionan: mejoran la recogida, reducen la basura dispersa, ahorran costes municipales»
— Clarissa Morawski, CEO de Reloop
«Si el consumidor está contento, todos están contentos»
— Rauno Raal, Consultor y ex-CEO del SDDR de Estonia
«Es momento de poner los ladrillos, no de debatir sobre el diseño del edificio»
— Antonio Romero, Secretario General de Asociación SDDR España
«Para los ayuntamientos, el SDDR supondrá calles más limpias y menos costes»
— Jesús Pérez, Concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Getafe
Julio Barea inició el debate recordando la magnitud del problema que enfrentamos: «En España, cada día se siguen abandonando 30 millones de envases (botellas y latas). No podemos permitir que esta situación continúe». Con esa premisa, invitó a los panelistas a exponer qué cambios positivos esperan con la llegada del depósito.
Jesús Pérez, concejal de medio ambiente de Getafe, subrayó la perspectiva municipal: «Para los ayuntamientos, el SDDR supondrá calles más limpias y menos costes de limpieza», afirmó.
Explicó que una parte significativa de la basura urbana, sobre todo en parques, cunetas, ríos, son envases de bebidas desechados indebidamente. Con el depósito, esos envases tendrán valor y será mucho menos probable encontrarlos tirados; y en caso de que alguien los abandone, habrá incentivos para que ciudadanos, recuperadores informales o empresas los recojan.
Pérez también mencionó que los consistorios podrían ahorrar en torno a «0,5-1 céntimo por envase» gestionado gracias al SDDR, al reducirse el volumen en la recogida municipal (cifra estimada en algunos estudios regionales).
«En Getafe y en todos los municipios, destinamos recursos considerables a gestionar residuos de envases; el SDDR nos liberará de parte de esa carga, permitiendo destinar esfuerzos a otras mejoras locales», concluyó. Además, valoró positivamente la imagen de limpieza que la ciudad ganará, un entorno sin botellas ni latas tiradas redunda en bienestar ciudadano y en ahorros indirectos en mantenimiento urbano.
Victòria Ferrer, desde el sector reciclador, aportó otro ángulo: la calidad del material recuperado. Indicó que las plantas de reciclaje actuales reciben gran parte de los envases a través del contenedor amarillo mezclados con otros residuos, «muchos llegan sucios o contaminados con impropios, lo que encarece y dificulta el reciclaje».
Con el SDDR, en cambio, los recicladores obtendrán materia prima más pura y en mayor cantidad, por ejemplo, botellas PET prácticamente limpias y sin mezclar con otros plásticos, lo que elevará la eficiencia del reciclaje y permitirá producir resina reciclada de alta calidad apta para nuevos envases (reciclaje cerrado).
Ferrer señaló que esto es crucial en un contexto en que la UE exige porcentajes crecientes de contenido reciclado en los envases (25% de plástico reciclado en botellas PET para 2025, 30% en 2030). «El SDDR nos ayudará a cumplir esos objetivos de circularidad», dijo, «alimentando la industria recicladora local con materiales valiosos que hoy en día se pierden».
También destacó que el sector del reciclaje ve una oportunidad económica: más material recuperado significa más actividad industrial y potencialmente más empleo en las plantas de recuperación.
Desde la sociedad civil, Rosa García (directora de Rezero) recalcó la importancia de ir más allá del reciclaje: «Debemos aprovechar el SDDR no solo para reciclar más, sino para reintroducir la cultura de la reutilización», afirmó.
Propuso que el sistema de depósito español se diseñe de forma flexible para que en el futuro pueda incluir envases reutilizables (por ejemplo, envases de vidrio retornables con depósito) y promover la venta a granel donde sea posible. «La circularidad no se logra solo reciclando, sino evitando que el residuo se genere», sentenció.
A su vez, Fer Gómez, activista de Vivir sin Plástico, aportó la voz de la ciudadanía comprometida: «Llevamos años pidiendo soluciones reales a la contaminación por plásticos. El SDDR por fin nos da una herramienta tangible».
Gómez mencionó que, para el público, el depósito es una medida visible y pedagógica: «Cada vez que devuelves una botella y te reembolsan esos céntimos, entiendes el valor que tiene ese envase y por qué no debe acabar en la naturaleza».
También destacó el apoyo popular: encuestas de opinión en España han mostrado consistentemente un respaldo por encima del 80% al SDDR, lo cual refleja que la gente está dispuesta a adoptar este cambio por el bien ambiental.
La representante sindical, Sara García (Secretaría de Acción Sindical de USO), puso el acento en las oportunidades laborales y de salud pública.
«Hay dos razones de peso por las que apoyar la plena implantación del SDDR y de la Ley de Residuos: una es nuestra salud, tanto la salud ambiental como la de las personas, y la otra es el empleo verde que se va a generar» declaró García.
Explicó que una gestión más limpia de los residuos redunda en menos contaminación en el aire, suelo y agua, lo que mejora la salud de la población (menos plásticos quemados o abandonados significa menos sustancias tóxicas liberadas).
Y recalcó que el desarrollo del nuevo sistema traerá consigo nuevos puestos de trabajo verdes: desde personal para la logística de recogida y operación de máquinas de retorno, hasta empleos en plantas de reciclaje ampliadas, campañas de sensibilización, ingenieros para el diseño del sistema, etc.
«Esperamos que sea empleo de calidad y estaremos vigilantes para que así sea», añadió, enfatizando el papel del sindicato en que la transición sea también justa para los trabajadores.
Para ilustrar el potencial, citó estimaciones de países vecinos donde el depósito ha generado cientos de empleos directos e indirectos. «Protegeremos la salud de las personas, generaremos empleo verde y acabaremos con el abandono masivo de envases», resumió García, insistiendo en que cumplir con los objetivos europeos traerá todos esos beneficios a la sociedad.
Por último, Marta Julià, en representación del pequeño comercio (PIMEC), ofreció su visión: «Al comercio de proximidad le preocupa cómo encajará el SDDR, pero bien implementado puede suponer una ventaja».
Explicó que las tiendas pequeñas temen por el espacio para almacenar envases devueltos o por la agilidad en la devolución, pero que con la tecnología adecuada (compactadoras en tiendas grandes, sistemas manuales sencillos en tiendas pequeñas) el proceso puede ser fácil.
Además, señaló que el depósito podría atraer más clientes a las tiendas físicas, ya que los consumidores acudirán a devolver envases y podrían aprovechar para comprar, lo cual es positivo en tiempos de auge de la venta online.
Julià informó de que organizaciones de comercio están trabajando con los promotores del SDDR para encontrar soluciones a medida para cada tipo de establecimiento, y confía en que «nadie se quedará atrás: ni el supermercado de barrio ni la gran superficie; todos podrán participar y beneficiarse».
También mencionó que con el sistema DDR tiendas y hosteleros reciben una pequeña compensación por cada envase recogido (tasa por manipulación o «handling fee»), lo que supone un ingreso extra para el comercio minorista.
«Con el depósito, convertiremos las tiendas en aliadas del reciclaje y en puntos activos de economía circular en cada barrio», concluyó con optimismo.
En conjunto, esta mesa de actores sociales dibujó un panorama esperanzador: el SDDR cuenta con un amplio apoyo y generará beneficios sociales concretos. Se habló de empleos verdes, mejora de la salud pública, empoderamiento ciudadano, alivio para los municipios, impulso a la reutilización y apoyo al pequeño comercio.
Lejos de ser una imposición, el sistema de depósito fue presentado como una oportunidad para todos los sectores: un verdadero «win-win» donde gana el medio ambiente y gana la sociedad.
La discusión también sirvió para despejar dudas y poner sobre la mesa los desafíos prácticos, pero con un espíritu constructivo: los participantes manifestaron su voluntad de colaborar activamente en el diseño e implantación del sistema.
Barea cerró el panel señalando que «pocas veces una política ambiental logra unir a colectivos tan diversos; con el SDDR lo hemos conseguido porque el objetivo lo merece: acabar con el despilfarro de envases y avanzar hacia una economía circular real».
Conclusiones: «Necesitamos impulso político para lanzar el mejor SDDR en el menor tiempo posible»
En la sesión de clausura, los organizadores, Joan Marc Simon (Zero Waste Europe), Clarissa Morawski (Reloop) y Miquel Roset (Retorna), sintetizaron las conclusiones del día y los pasos a seguir.
Hubo un consenso rotundo: «Los sistemas de depósito funcionan«, y España tiene ahora la oportunidad de construir uno de los sistemas de depósito más avanzados de Europa si aprovecha al máximo las lecciones internacionales y las adapta a nuestra realidad.
Los expertos coincidieron en que no partimos de cero: contamos con un respaldo legal firme, con la experiencia acumulada de otros 15 países europeos que ya operan SDDR (y al menos 13 más que lo implementarán en los próximos dos años), y con el apoyo de la ciudadanía y la sociedad civil.
«Debemos ser ambiciosos», remarcó Roset, «nuestro objetivo es llegar pronto a más del 90% de recogida y a aumentar sustancialmente la reutilización, demostrando el liderazgo de España en economía circular».
Entre las conclusiones clave expuestas estuvieron: la necesidad de implantar el sistema con la mayor celeridad posible (cada año de retraso implica miles de millones de envases abandonados y valiosos recursos perdidos); asegurar que el SDDR incluya el máximo número de materiales y formatos para lograr un impacto ambiental, social y económico óptimo; reforzar la Responsabilidad Ampliada del Productor de forma que los costes de gestión recaigan en los fabricantes y liberen a los municipios de cargas indebidas; y promover la reutilización desde el inicio, sentando las bases para que en el futuro más envases sean rellenables y retornables.
Todo ello, insistieron, sin olvidar el foco en el usuario: el sistema debe ser accesible, sencillo y plenamente orientado al consumidor, para garantizar su uso masivo.
Como pasos inmediatos, se destacó agilizar la autorización del operador del sistema, un trámite crucial que permitirá poner en marcha toda la logística y operativa, y construir un impulso político coordinado que involucre a todos los ministerios y administraciones en facilitar el despliegue.
En este sentido, Joan Marc Simón hizo un llamamiento a que la implantación del SDDR sea asumida como un proyecto país, trascendiendo colores políticos: «La economía circular y la lucha contra la contaminación por plásticos deben ser un objetivo común; el depósito es una medida de sentido común que trasciende ideologías», afirmó.
La clausura dejó un tono de entusiasmo y compromiso. Clarissa Morawski subrayó la calidad de las intervenciones y del debate, agradeciendo a todos los ponentes, desde la comisaria europea hasta los activistas locales, por compartir conocimiento y pasión.
Destacó que pocas veces se logra reunir en un mismo foro a perfiles tan diversos trabajando hacia una meta común, lo cual refleja la fortaleza de la coalición formada en torno al SDDR en España.
Miquel Roset, por su parte, agradeció a la Comisión Europea por su apoyo y a los organizadores logísticos, señalando que el éxito de la jornada augura el éxito del futuro sistema: «Si somos capaces de organizar un evento global de este nivel, también seremos capaces de implementar un sistema de depósito de primera categoría», bromeó.
La Conferencia Global de Expertos en SDDR cumplió con creces su objetivo divulgativo y técnico. Durante todo un día se pusieron sobre la mesa evidencias, experiencias y aspiraciones que reforzaron una conclusión compartida: el Sistema de Depósito, Devolución y Retorno de envases es una solución eficaz, necesaria y urgente.
Los expertos internacionales reafirmaron que funciona en la práctica; las autoridades mostraron voluntad política; la industria aceptó el desafío; y la sociedad civil ofreció su apoyo vigilante.
España está así un paso más cerca de hacer realidad un sistema que promete envases recuperados en lugar de residuos abandonados, ahorro de costes para las ciudades, nuevos empleos verdes y un avance decisivo hacia la economía circular.
Queda trabajo por delante, diseño operativo, coordinación administrativa, campañas de sensibilización, pero la dirección es clara y el consenso es amplio. Como se evidenció en Madrid el 18 de noviembre, cuando productores, administraciones, distribuidores, municipios y ciudadanía reman juntos, el depósito retorna resultados positivos para todos.