Píldoras SDDR Nº 5 – Hostelería y SDDR

2026-09-23

Píldoras SDDR Nº 5 – Hostelería y SDDR

«¿Y en el bar, también voy a pagar depósito por la botella de agua o la lata de cerveza?»

Pides una lata de cerveza o una botella de agua en la terraza de un bar o en un restaurante. El camarero la abre, te la sirve y, al final, se queda con el envase. ¿Tendría sentido que te cobrase diez o quince céntimos de depósito para devolvértelos al pagar la cuenta? No, y ningún sistema europeo lo hace. Hostelería de España acaba de pedir precisamente eso: que el consumo en el local quede fuera del cobro del depósito. Es una petición razonable, y el propio Reglamento europeo de envases la contempla cuando el envase se abre, se consume y se queda en el establecimiento. Pero conviene separar dos cosas que en el debate se confunden: que el cliente no pague el depósito no significa que el establecimiento quede o pueda quedar fuera del sistema.

¿Por qué? Por el propio envase. Una lata o una botella de plástico es la misma la compre un hogar en el supermercado o la sirva un bar en la barra. El fabricante no puede producir dos versiones, una con código de barras y marca de depósito para el gran consumo y otra sin ellos para la hostelería, una con pago de depósito y otra sin él: cuando un palé sale de fábrica nadie sabe en qué canal acabará. Todos los envases sujetos a depósito nacen iguales, y por eso todos tienen que volver por el mismo circuito. En ningún país con depósito la hostelería está fuera del sistema; lo único que varía es si el local está obligado, además, a aceptar envases comprados en otros sitios.

Lo que cambia en el bar es quién adelanta el depósito. El establecimiento lo paga al comprar la bebida, como cualquier comercio, y lo recupera cuando devuelve el envase vacío. El cliente que consume en sala no llega a verlo. Sólo cuando la bebida sale del local, para llevar o a domicilio, el depósito viaja con ella; y eso ya es uno de cada cinco euros que se gastan en restauración en España. Y entonces ya es responsabilidad del consumidor devolver el envase vacío para recuperar su depósito que ha pagado al establecimiento. Así funciona en Irlanda, donde bares y restaurantes deben registrarse en el sistema, pero no cobran depósito por el consumo en el local, y así lo ha diseñado Portugal desde abril: la hostelería está dentro, no cobra los 10 céntimos si se paga después de consumir, y sólo está obligada a aceptar los envases que ella misma vendió. Es el caso más parecido al español.

La patronal propone también que los distribuidores recojan los envases vacíos en el mismo reparto en que entregan los llenos. Es logística inversa, funciona y forma parte del sistema en toda Europa. Pero cubre sólo una parte del canal: los mayoristas con reparto canalizan alrededor del 50% de las bebidas que compra la hostelería española; la otra mitad llega por por compras en cash & carry, comercio o compra directa. Esos envases también llevan depósito y también tienen que volver. Por eso el canal HORECA necesita, como cualquier otro, un lugar donde devolverlos.

Y aquí es donde la hostelería, más que un problema, puede ser la mejor red del sistema. En España hay más de 280.000 bares, cafeterías y restaurantes. Hostelería de España plantea que puedan actuar voluntariamente como puntos de devolución de barrio, compensados por ello. Si el nuevo Real Decreto lo recoge así, en muchos pueblos sin supermercado el bar sería el punto de retorno natural, cobrando la tarifa de manipulación por cada envase que gestione, como vimos en la píldora anterior, más las ayudas que el administrador del sistema pueda arbitrar en su momento. Es capilaridad necesaria para la España vaciada. En los entornos urbanos con alta concentración de locales, los ayuntamientos pueden completar el mapa con puntos de recogida a granel pensados para el canal, donde un bar devuelve de una vez cientos de envases sin hacer cola en ningún supermercado.

Queda el vidrio, el envase más habitual en hostelería: un local genera de media 23 envases de vidrio al día, tanto como 46 hogares. Aquí España tiene poco que demostrar. Recicló el 72,3 % de sus envases de vidrio en 2025, por encima del objetivo europeo, y más del 90 % de ese material salió del contenedor verde, con la hostelería como principal aportador.

Y hay algo más que el vidrio que se recicla: el vidrio que vuelve a llenarse. El bar español es, de largo, el mayor circuito de reutilización de envases de bebidas del país. En 2024, más del 80 % de la cerveza servida en hostelería salió de un barril o de una botella retornable, frente al 41 % en el conjunto del mercado; y con los refrescos pasa algo parecido con el botellín de vidrio que va y vuelve al distribuidor. Es un patrón muy español, poco frecuente en el resto de Europa, y por eso el Real Decreto 1055/2022 fija objetivos de reutilización propios para el canal: 80 % en cerveza y 60 % en refrescos ya en 2025. El Reglamento europeo añade sus objetivos de reutilización para 2030 y 2040, y aquí España tiene un interés legítimo: que esas ratios se auditen sobre el conjunto del mercado y no canal a canal, porque es en la hostelería donde nuestro país lleva décadas haciendo lo que Europa ahora pide. El depósito no viene a arreglar lo que ya funciona; viene a hacer con la lata y la botella de plástico lo que el botellín retornable ya hace.

En resumen: el cliente no paga depósito por la lata de cerveza o la botella de agua, el bar sí lo mueve, y el sistema gana con ello una red de retorno en cada barrio o pueblo.

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