
2026-09-15
Píldoras SDDR – Nº 4 – ¿Máquina automática o recogida manual? ¿Cuándo compensa automatizar la devolución?
Con volúmenes bajos por punto, ¿Cuándo compensa una máquina frente a la devolución manual?
Me propone el tema de esta nueva píldora un colega y ya casi amigo y es, seguramente, la duda más extendida entre los miles de pequeños comercios que deberán decidir cómo gestionar la devolución de envases, una vez se ponga en marcha el SDDR -Sistema de Depósito, Devolución y Reembolso-. La respuesta depende del volumen: en los sistemas maduros ambas fórmulas conviven sin problema.
Los mercados con recorrido lo muestran bien. En Noruega hay unas 3.900 máquinas de devolución frente a unos 11.500 puntos manuales. En Alemania, alrededor del 75 % de los puntos de retorno son manuales, siendo unas 30.000 las máquinas de devolución y reembolso -MDR- instaladas. Portugal arrancó este año con unos 3.000 automáticos y unos 8.000 manuales. La mayoría de los puntos son manuales, pero la mayoría de los envases pasa por las máquinas. En mercados como Suecia la devolución manual no supera el 2 % del total de envases gestionados, aunque el número de puntos manuales de devolución sea mayoritario.
La razón está en lo que cuesta cada envase devuelto a mano: el empleado interrumpe su tarea, comprueba que el envase pertenece al sistema y que su código es legible, devuelve el depósito y lo almacena entero. Con veinte o treinta al día es asumible. Con doscientos deja de serlo: se convierte en cola en el mostrador, justo a la peor hora.
Luego está el espacio. El retorno manual guarda envases enteros, con todo su aire dentro; una máquina con compactación reduce el volumen de una botella de PET en torno a un 60 % y el de una lata en más de un 80 %. Menos metros ocupados y menos recogidas: en Noruega, compactar redujo los costes de transporte un 35 %.
Hay un tercer factor menos visible: los envases recogidos a mano llegan enteros y sin contar, y alguien debe contarlos en un centro de conteo del sistema para verificar que pertenecen al mismo, liquidar depósitos y pagar al comercio su compensación por manipulación o «handling fee». Los recogidos por máquina llegan ya identificados, contados y compactados. El coste no desaparece, se desplaza.
Y está el factor crítico: el fraude y la calidad del dato. La máquina lee cada envase, verifica que está registrado, que no se ha devuelto antes y que no es un intento de fraude, lo inutiliza al compactarlo y deja constancia de cada operación. El retorno manual depende del criterio o habilidad de una persona un sábado a mediodía. No es desconfianza hacia el comerciante: un sistema con cientos de millones de operaciones al año y millones de euros en depósitos, necesita que cada envase y cada céntimo sea trazable.
¿Dónde está la frontera? No hay cifra mágica. El cálculo combina envases al día, coste de personal, espacio disponible, frecuencia de recogida y, sobre todo, la compensación del punto de retorno, que en varios países es mayor para quien automatiza y compacta porque ahorra costes al conjunto. En algunos existen incluso ayudas económicas para suavizar la inversión inicial y cubrir la depreciación.
El Reino Unido, que arrancará su sistema en octubre de 2027, acaba de mostrar cómo se diseña ese equilibrio. Su operador, “Exchange for Change”, pagará 3 peniques por envase al punto manual y 5 al automático durante los primeros 225.000 envases del año; a partir de ese volumen, propio ya de grandes superficies, cada envase adicional se retribuye a 1,3 peniques. Para un pequeño comercio, que nunca alcanza ese umbral, quien automatiza recibe casi el doble por cada envase que gestiona. Y para que la inversión inicial no sea la barrera, ha dotado un fondo de 60 millones de libras con el que hasta 10.000 pequeños comercios independientes recibirán 6.000 libras por tienda, en tres pagos anuales, una vez instalada la máquina. Al mismo tiempo, exime automáticamente a las tiendas urbanas de menos de 100 m² y permite solicitar la exención a las de entre 100 y 199 m² y a las rurales de menos de 200.
Para una tienda que recoja 200 envases al día, unos 70.000 al año, la diferencia de tarifa supone en torno a 1.400 libras anuales que, sumadas a la ayuda, acercan mucho el momento en que la máquina se paga sola. Es decir: al pequeño comercio se le ofrecen dos salidas, quedar fuera o automatizar con apoyo, y se le compensa mejor si elige la segunda, porque es la que ahorra costes al conjunto del sistema.
En España, el actual Real Decreto 1055/2022 sitúa el umbral de obligatoriedad en 120 m². Aunque esto puede ser revisado en la nueva versión en elaboración, la mayoría del comercio de proximidad quedará por debajo y podrá optar por el retorno manual: una opción válida, pero conviene decirlo claro, recoger a mano tampoco sale gratis, cuesta tiempo y espacio. Que pueda elegir con criterio dependerá de que las compensaciones reflejen bien ambos escenarios.
La pregunta, al final, no es máquina o persona: es que cada punto pueda escoger la fórmula que encaja con su volumen y que el sistema le compense con justicia.